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HISTORIA La Tarraco Romana.
 

Con la frase Tarraco Scipionvm Opvs (Tarraco obra de los Escipiones) Plinio, a finales del siglo I d. C., hace referencia al momento fundacional de la ciudad. Este primer asentamiento romano se encontraba muy próximo a un oppidum ibérico fundado a finales del siglo V a. C. La ciudad republicana de Tarraco fue muy posiblemente un núcleo bifocal, con el campamento militar en la parte alta y el área residencial en torno al poblado ibérico y el puerto. La presencia militar estable comportó la llegada no sólo de soldados, sino también de comerciantes y ciudadanos romanos que vieron en Hispania una tierra que les ofrecía nuevas oportunidades. Una de las principales infraestructuras sobre las que se cimentó Tarraco fue, sin ninguna duda, el puerto, y su situación estratégica encima de una pequeña colina que permitía una visión más amplia y una defensa más fácil.


División de Iberia, Tarraconensis en color calabazaLa victoria romana sobre los cartagineses y la incorporación de Hispania a la República romana aceleró el proceso de consolidación de las defensas de la ciudad, que en un primer momento eran simplemente una empalizada. Allí reunió César a sus legados durante la guerra civil contra Pompeyo, y debido a la lealtad mostrada por los tarraconenses, éste concedió a la ciudad en el 45 a. C. el rango colonial con el título de Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraconensis.

Fue durante los años 26-25 a. C. cuando Tarraco adquirió una mayor relevancia como ciudad. Debido a la presencia imperial, Tarraco se consolidó como la capital de la Hispania Citerior Tarraconensis, y recibió un fuerte impulso urbanístico, una muestra del cual es el teatro y la monumentalización del foro local.

Durante el siglo I d. C. la ciudad creció y se consolidó. El asesinato de Nerón, en el año 68, marcó el inicio de un periodo de convulsión y guerra civil en todo el imperio. Se iniciaba así la dinastía Flavia y un momento de gran esplendor para las provincias hispanas. Vespasiano les concedió el Ius Latii, en torno al año 73. A partir de ese momento, todos los hispanos fueron considerados ciudadanos romanos de pleno derecho. De esta forma, Tarraco, como capital de la Hispania Tarraconensis dispuso de dos foros: uno colonial y otro provincial. Durante el siglo II la ciudad llegó a su máxima expresión gracias a la construcción del último de sus grandes edificios de entretenimiento: el anfiteatro.

Tarraco fue objeto de las incursiones francas a mediados del siglo III. Después del siglo III, la ciudad recobró su dinamismo a partir de la recuperación general que supuso la llegada al poder de Diocleciano y de su tetrarquía desde el año 285. A partir de esta época la ciudad se revitalizó.

El cristianismo y su implantación son elementos imprescindibles para explicar la Tarraco tardía. El obispo Fructuoso y los diáconos Augurio y Eulogio, fueron objeto de persecución y muerte en el año 259. El lugar de su sepultura acabó por convertirse en el centro eclesiástico de Tarraco a partir del siglo V. Esta iglesia, emplazada en los antiguos suburbios de Tarraco y próxima al río Francolí, conllevó la construcción de otros edificios eclesiásticos como una segunda basílica, muy próxima a la primera, que disponía de un atrio y edificios agrarios vinculados a ella. Todo este suburbio cristiano acabó por convertirse en un centro importante y dinámico de Tarraco. La documentación escrita de inicios del siglo V muestra una Tarraco que mantenía estructuras sociales complejas, en las que el obispo metropolitano era el defensor del orden establecido en un Imperio en el que Chistianitas era sinónimo de Romanitas. Cabe destacar, asimismo, la presencia en la ciudad del Comes Hispaniarum.

En el año 422, Genserico al mando de un pequeño ejército de alanos y vándalos, derrota en Tarraco a las fuerzas conjuntas romano-visigodas dirigidas por el general romano Castino. La sorprendente victoria permite a los vándalos tomar el control de los puertos del Mediterrráneo ibérico, lo que una década más tarde conducirá a su control de todo el que hasta entonces fuera para los romanos el “Mare Nostrum”, su principal instrumento de ejercicio del poder. La batalla de Tarraco es el punto de quiebre que marca el comienzo de la caída del imperio romano de occidente.

Tarraco continuó siendo una de las principales metrópolis hispanas durante la monarquía visigoda hasta que el panorama cambió radicalmente con la conquista de la ciudad por los ejércitos islámicos y su incorporación Al Andalus hacia el año 713. A partir de este momento, la ciudad entró en un largo y oscuro periodo que no concluyó hasta la conquista impulsada por los Condes Catalanes en el siglo XII, que comportó el restablecimiento de la sede metropolitana de Tarragona.

 


 
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